Tag Archive: Josecarlos Nazario.


JAZZ, NOCHE DE LLUVIA

Enigmas opuestos improvisan.

Sobre-cama

Dos miradas parten (buscando),expuestas(,)

A la nada.

 

Puertos que esperan por los dos,

Calladas dudas.

Esperas que se vuelven laberinto,

Búsqueda sin mapas.

 

Soles, lunas, van y vienen

Sostenes desatados

Caricias en derroche

Al compás

De la música

Y la noche.

 

Suena un saxo,

En (el) silencio

Otro responde.

 

Dos callan (callamos) en la entrega

De nuestras miradas

Que

Al fin

Se encuentran.

Entrevista con Yola yelou

Aquí les dejo el vídeo de la entrevista que nos hizo Luís Martín Gómez en su programa Yola yelou.

También el link que contiene una versión transcrita de la misma:

http://luismartingomez.blogspot.com/2012/02/josecarlos-nazario-me-apasiona-trabajar.html

Reencarnación

La segunda edición de Carne cruda fue publicada por Media-Isla, esfuerzo editorial que desde hace ya varios años lleva adelante René Rodríguez-Soriano.

Un viejo vegetariano encuentra la muerte al pedir un plato de carne en un bar. Elena visita la playa tras la muerte de su amante anoréxica. Oliverio no ve razones en la enfermedad de Yaya para deponer su egoísmo machista. Boquepeje paga el precio de haber sido un policía honesto en el momento equivocado. Esas y otras historias componen CARNE CRUDA.

COMPRAR EL LIBRO AQUÍ.

 

 

Knock-out: narrativa fulminante

 

Culminó con ganas el Taller de escritura creativa.

 

Culminó con ganas el Taller de escritura creativa.

Apocalipsis no.

Luego del esperado fin del mundo, no me había atrevido a entrar por aquí. Sospechaba que había terminado todo y yo estaba solo. En mi mundo armado y desarmado. Solo y desalmado. Pues seguro que los muy hijodeputas se habrían de llevar mi alma en el rapto. Pero no. No hubo rapto, ni recompensa, ni nada. Sí hubo un largo período entre mi último post y este, pero eso tampoco es el fin del mundo.

Disfruten:

Alberto Laiseca, alquimista del delirio

Del Grand Barthes, por Beatriz Sarlo

Zambra, el chileno

valter hugo mae

Interesante: por qué escribes?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En Messenger Mag, de Juan Pablo Ramírez G.

Ayer, 9 de febrero, Casa de Teatro puso a circular los cuentos y poemas premiados en el 2010. Entre ellos estaba nuestro “Dejar hacer, dejar pasar”, que obtuvo el 2do lugar. Los textos ganadores plantean propuestas interesantes. Los estilos son diversos. La calidad es innegable.

Saludamos la publicación y agradecemos al jurado el haber considerado que nuestro texto es merecedor del galardón.

Cruci-ficción

Aquí les dejo un texto inédito de mi autoría:

Me he ganado la cruz que a cuestas empuja mi cuerpo al centro. Merezco la suerte de morir entre ladrones. Merezco sufrir la corona de espinas, la esponja en vinagre y la lanza en la panza.

Espero empotrado la hora maldita en que tu sonrisa me cierre los ojos. Pero no vengas luego con pueriles loas. No alabes mi carne ni bebas mi sangre. No llames mi nombre por siglos, ni te escudes en mí para ocultar oscuros idilios hipócritamente.

Me he ganado la suerte de muerte, me ha vencido la red, por su peso (los peces, las almas que intenté pescar).

Crucifícame. Clávame, pero no me aludas al tercer día, ni al cuarto,  ni al último. Porque en tu boca está la razón de mi muerte y me importa mucho morirla en paz.”[1]


[1] FERNANDEZ-CUENTO, Icómedes; “Cruci-ficción” Editorial Hojagrande  2006. P. 33

 

Rubén a la roca

Todo era nuevo. Todo era asombro en el momento en que creí haber perdido la capacidad. Esa tendencia absurda de los bípedos alados, de encontrar extrañas las cosas más normales, había vuelto. Y yo la alimentaba en semáforos y gestos. No me reconocía ya en esos hombres que asediaban mi costumbre y que eran más míos, por los años, que los del sur del que volvía. Entonces, un chat me conectó de nuevo con una parte abandonada. El amigo heredado y con tan pocas cosas comunes en el origen estaba online.

Nos llamamos, acordamos encontrarnos en la noche. Fuimos a un bar bohemio que hoy es pop, jevito. Allí conversamos todos los diálogos y monólogos perdidos en mi ausencia. Pero él era él, y yo no. Era más él que todos porque lo vi cercano a la muerte, que es nuestro verdadero yo. Caminaba despacio, arrastrando las suelas y el alma en las suelas. Su mirada se perdía a veces, pero su voz seguía blandiendo el cuchillo de la vida.

Nos fuimos de la mesa para alejarnos del barullo y seguimos hablando, de libros, de música, de muertos, de todo. Pero algo me iba diciendo que ese Rubén se moría. Por primera vez sentí que un amigo, que no era tan mío, pero sí, se iba. Y al salir él, la espalda corva, le dije adiós con una mano invisible que tengo en el diafragma.

Ese encuentro me dio un golpe en la cocina. Me hizo pensar en mis cosas, en la inminencia de mi partida. Si no me largo, me echaré a perder, me dije, y a otros también se lo dije.

No se si me equivoco, pero ese, Rubén, no es mi espejo. Es el espejo de un monstruo capaz de comerse a sí mismo y vomitarse nuevo. “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. A él le basta con un poco de alcohol para moverle el mundo a cualquiera y hacer llover hambre de saber, hambre de poder querer.

Ayer vino a mi casa y era otro. Ya no me llevaba a aquel final de Kerouac en el que Dean Moriarty desaparece entre la bruma de la noche dejando en el pecho un yunque de melancolía. Vivo: trajo música. Trajo cultura y me puso a escribir de nuevo.

Como pago le regalé un libro y le presté, con la obligación indisoluble de devolverlo, los cuentos reunidos de Felisberto Hernández. Ahí, creo, estoy saldando por haberme enseñado que no hay vida sin Davis ni Coltrane. Que no importan sus hábitos ni sus vainas. Que un Kind of blue sostiene el mundo cuando uno no encaja y que vivir es toda esa mierda y más.