Tag Archive: escritor dominicano


Reencarnación

La segunda edición de Carne cruda fue publicada por Media-Isla, esfuerzo editorial que desde hace ya varios años lleva adelante René Rodríguez-Soriano.

Un viejo vegetariano encuentra la muerte al pedir un plato de carne en un bar. Elena visita la playa tras la muerte de su amante anoréxica. Oliverio no ve razones en la enfermedad de Yaya para deponer su egoísmo machista. Boquepeje paga el precio de haber sido un policía honesto en el momento equivocado. Esas y otras historias componen CARNE CRUDA.

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Knock-out: narrativa fulminante

 

Culminó con ganas el Taller de escritura creativa.

 

Culminó con ganas el Taller de escritura creativa.

En Messenger Mag, de Juan Pablo Ramírez G.

Ayer, 9 de febrero, Casa de Teatro puso a circular los cuentos y poemas premiados en el 2010. Entre ellos estaba nuestro “Dejar hacer, dejar pasar”, que obtuvo el 2do lugar. Los textos ganadores plantean propuestas interesantes. Los estilos son diversos. La calidad es innegable.

Saludamos la publicación y agradecemos al jurado el haber considerado que nuestro texto es merecedor del galardón.

Mamá gallina

Al compartir la buena noticia del avance de las ventas en Buenos Aires, les dejo el primer cuento de CARNECRUDA: Mamá gallina. Espero sus comentarios.

De Virgilio Díaz Grullón

La Enemiga

Virgilio Díaz Grullón

Recuerdo muy bien el día en que papá trajo la primera muñeca en una caja grande de cartón envuelta en papel de muchos colores y atada con una cinta roja, aunque yo estaba entonces muy lejos de imaginar cuánto iba a cambiar todo como consecuencia de esa llegada inesperada. Aquel mismo día comenzaban nuestras vacaciones y mi hermana Esther y yo teníamos planeadas un montón de cosas para hacer en el verano, como, por ejemplo, la construcción de un refugio en la rama más gruesa de la mata de jobo, la cacería de mariposas, la organización de nuestra colección de sellos y las prácticas de béisbol en el patio de la casa, sin contar las idas al cine en las tardes de domingo. Nuestro vecinito de enfrente se había ido ya con su familia a pasar las vacaciones en la playa y esto me dejaba a Esther para mí solo durante todo el verano. Esther cumplía seis años el día en que papá llegó a casa con el regalo. Mi hermana estaba excitadísima mientras desataba nerviosamente la cinta y rompía el envoltorio. Yo me asomé por encima de su hombro y observé cómo iba surgiendo de los papeles arrugados aquel adefesio ridículo vestido con un trajecito azul que le dejaba al aire una buena parte de las piernas y los brazos de goma. La cabeza era de un material duro y blanco y en el centro de la cara tenía una estúpida sonrisa petrificada que odié desde el primer momento. Cuando Esther sacó la muñeca de la caja vi que sus ojos, provistos de negras y gruesas pestañas que parecían humanas, se abrían o cerraban según se la inclinara hacia atrás o hacia adelante y que aquella idiotez se producía al mismo tiempo que un tenue vagido que parecía salir de su vientre invisible. Mi hermana recibió su regalo con un entusiasmo exagerado. Brincó de alegría al comprobar el contenido del paquete y cuando terminó de desempacarlo tomó la muñeca en brazos y salió corriendo hacia el patio. Yo no la seguí y pasé el resto del día deambulando por la casa sin hacer nada en especial. Esther comió y cenó aquel día con la muñeca en el regazo y se fue con ella a la cama sin acordarse de que habíamos convenido en clasificar esa noche los sellos africanos que habíamos canjeado la víspera por los que teníamos repetidos de América del Sur.Nada cambió durante los días siguientes. Esther se concentró en su nuevo juguete en forma tan absorbente que apenas nos veíamos en las horas de comida. Yo estaba realmente preocupado, y con razón, en vista de las ilusiones que me había forjado de tenerla a mi disposición durante las vacaciones. No podía construir el refugio sin su ayuda y me era imposible ocuparme yo solo de la caza de mariposas y de la clasificación de los sellos, aparte de que me aburría mortalmente tirar hacia arriba la pelota de béisbol y apararla yo mismo. Al cuarto día de la llegada de la muñeca ya estaba convencido de que tenía que hacer algo para retornar las cosas a la normalidad que su presencia había interrumpido. dos días después sabía exactamente qué. Esa misma noche, cuando todos dormían en la casa, entre de puntillas en la habitación de Esther y tomé la muñeca de su lado sin despertar a mi hermana a pesar del triste vagido que produjo al moverla. Pasé sin hacer ruido al cuarto donde papá guarda su caja de herramientas y cogí el cuchillo de monte y el más pesado de los martillos y, todavía de puntillas, tomé una toalla del cuarto de baño y me fui al fondo del patio, junto al pozo muerto que ya nadie usa. Puse la toalla abierta sobre la yerba, coloqué en ella la muñeca —que cerró los ojos como si presintiera el peligro— y de tres violentos martillazos le pulvericé la cabeza. Luego desarticulé con el cuchillo las cuatro extremidades y, después de sobreponerme al susto que me dio oír el vagido por última vez, descuarticé el torso, los brazos y las piernas convirtiéndolos en un montón de piececitas menudas. Entonces enrollé la toalla envolviendo los despojos y tiré el bulto completo por el negro agujero del pozo. Tan pronto regresé a mi cama me dormí profundamente por primera vez en mucho tiempo. Los tres días siguientes fueron de duelo para Esther. Lloraba sin consuelo y me rehuía continuamente. Pero a pesar de sus lágrimas y de sus reclamos insistentes no pudo convencer a mis padres de que le habían robado la muñeca mientras dormía y ellos persistieron en su creencia de que la había dejado por descuido en el patio la noche anterior a su desaparición. En esos días mi hermana me miraba con un atisbo de desconfianza en los ojos pero nunca me acusó abiertamente de nada. Después las aguas volvieron a su nivel y Esther no mencionó más la muñeca. El resto de las vacaciones fue transcurriendo plácidamente y ya a mediados del verano habíamos terminado el refugio y allí pasábamos muchas horas del día pegando nuestros sellos en el álbum y organizando la colección de mariposas. Fue hacia fines del verano cuando llegó la segunda muñeca. Esta vez fue mamá quien la trajo y no vino dentro de una caja de cartón, como la otra, sino envuelta en una frazada color de rosa. Esther y yo presenciamos cómo mamá la colocaba con mucho cuidado en su propia cama hablándole con voz suave, como si ella pudiese oírla. En ese momento, mirando de reojo a Esther, descubrí en su actitud un sospechoso interés por el nuevo juguete que me ha convencido de que debo librarme también de este otro estorbo antes de que me arruine el final de las vacaciones. A pesar de que adivino esta vez una secreta complicidad entre mamá y Esther para proteger la segunda muñeca, no me siento pesimista: ambas se duermen profundamente por las noches, la caja de herramientas de papi está en el mismo lugar y, después de todo, yo ya tengo experiencia en la solución del problema.

CARNE CRUDA en República Dominicana

Ya está de venta (a $500 pesos) el libro de cuentos CARNE CRUDA. Solicítalo en: naiboaespacionarrativo@gmail.com

El bueno, el escritor de e-books y el feo

Interesante: El crecimiento de los e-books permite brechas para publicar de modo alternativo. ¿Es malo todo escritor rechazado por las editoriales? Aquí les dejo una nota de la Revista Ñ.

HOY, presentación de libro de Ramón Tejada Holguín

Diario Libre, 7 julio 2010

“La verdadera historia de la mujer que era incapaz de amar”, autoría de Ramón Tejada Holguín, será puesto en circulación en el día de hoy para los amantes de los poemas. La cita es en la Sala de Arte Ramón Oviedo del Ministerio de Cultura a las 6:00 de la tarde, con las presentaciones de dos conocidos narradores, Manuel García Cartagena y René Rodríguez Soriano.

De la obra y el autor

Este nuevo libro es un texto escrito en claves de relatos y poemas pero que puede leerse como novela. Es un archipiélago de historias signadas por el amor fallido, la amistad inquietante y el cariño sincero, que se enfrentan, se contraponen y predisponen para dar pie a otra historia que es o engendra los relatos de vida de unos personajes que rondan y se instalan en los más sórdidos y perturbadores territorios del amor.
Tejada Holguín obtuvo el primer premio en Concurso de Cuentos de Casa de Teatro. Ha obtenido, además, diversas menciones honorífica. Durante los noventa publicó tres texto escritos con René Rodríguez Soriano: Así Llegaste tú (relato), Probablemente es Virgen (cuentos), Blasfemia Angelical (ensayos).

http://www.diariolibre.com/noticias_det.php?id=252383