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Entrevista con Yola yelou

Aquí les dejo el vídeo de la entrevista que nos hizo Luís Martín Gómez en su programa Yola yelou.

También el link que contiene una versión transcrita de la misma:

http://luismartingomez.blogspot.com/2012/02/josecarlos-nazario-me-apasiona-trabajar.html

Knock-out: narrativa fulminante

 

Culminó con ganas el Taller de escritura creativa.

 

Culminó con ganas el Taller de escritura creativa.

Apocalipsis no.

Luego del esperado fin del mundo, no me había atrevido a entrar por aquí. Sospechaba que había terminado todo y yo estaba solo. En mi mundo armado y desarmado. Solo y desalmado. Pues seguro que los muy hijodeputas se habrían de llevar mi alma en el rapto. Pero no. No hubo rapto, ni recompensa, ni nada. Sí hubo un largo período entre mi último post y este, pero eso tampoco es el fin del mundo.

Disfruten:

Alberto Laiseca, alquimista del delirio

Del Grand Barthes, por Beatriz Sarlo

Zambra, el chileno

valter hugo mae

Interesante: por qué escribes?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ayer, 9 de febrero, Casa de Teatro puso a circular los cuentos y poemas premiados en el 2010. Entre ellos estaba nuestro “Dejar hacer, dejar pasar”, que obtuvo el 2do lugar. Los textos ganadores plantean propuestas interesantes. Los estilos son diversos. La calidad es innegable.

Saludamos la publicación y agradecemos al jurado el haber considerado que nuestro texto es merecedor del galardón.

Cruci-ficción

Aquí les dejo un texto inédito de mi autoría:

Me he ganado la cruz que a cuestas empuja mi cuerpo al centro. Merezco la suerte de morir entre ladrones. Merezco sufrir la corona de espinas, la esponja en vinagre y la lanza en la panza.

Espero empotrado la hora maldita en que tu sonrisa me cierre los ojos. Pero no vengas luego con pueriles loas. No alabes mi carne ni bebas mi sangre. No llames mi nombre por siglos, ni te escudes en mí para ocultar oscuros idilios hipócritamente.

Me he ganado la suerte de muerte, me ha vencido la red, por su peso (los peces, las almas que intenté pescar).

Crucifícame. Clávame, pero no me aludas al tercer día, ni al cuarto,  ni al último. Porque en tu boca está la razón de mi muerte y me importa mucho morirla en paz.”[1]


[1] FERNANDEZ-CUENTO, Icómedes; “Cruci-ficción” Editorial Hojagrande  2006. P. 33

 

Este artículo…

A mi me gustó mucho: Nunca serás abandonado.

Mamá gallina

Al compartir la buena noticia del avance de las ventas en Buenos Aires, les dejo el primer cuento de CARNECRUDA: Mamá gallina. Espero sus comentarios.

De Virgilio Díaz Grullón

La Enemiga

Virgilio Díaz Grullón

Recuerdo muy bien el día en que papá trajo la primera muñeca en una caja grande de cartón envuelta en papel de muchos colores y atada con una cinta roja, aunque yo estaba entonces muy lejos de imaginar cuánto iba a cambiar todo como consecuencia de esa llegada inesperada. Aquel mismo día comenzaban nuestras vacaciones y mi hermana Esther y yo teníamos planeadas un montón de cosas para hacer en el verano, como, por ejemplo, la construcción de un refugio en la rama más gruesa de la mata de jobo, la cacería de mariposas, la organización de nuestra colección de sellos y las prácticas de béisbol en el patio de la casa, sin contar las idas al cine en las tardes de domingo. Nuestro vecinito de enfrente se había ido ya con su familia a pasar las vacaciones en la playa y esto me dejaba a Esther para mí solo durante todo el verano. Esther cumplía seis años el día en que papá llegó a casa con el regalo. Mi hermana estaba excitadísima mientras desataba nerviosamente la cinta y rompía el envoltorio. Yo me asomé por encima de su hombro y observé cómo iba surgiendo de los papeles arrugados aquel adefesio ridículo vestido con un trajecito azul que le dejaba al aire una buena parte de las piernas y los brazos de goma. La cabeza era de un material duro y blanco y en el centro de la cara tenía una estúpida sonrisa petrificada que odié desde el primer momento. Cuando Esther sacó la muñeca de la caja vi que sus ojos, provistos de negras y gruesas pestañas que parecían humanas, se abrían o cerraban según se la inclinara hacia atrás o hacia adelante y que aquella idiotez se producía al mismo tiempo que un tenue vagido que parecía salir de su vientre invisible. Mi hermana recibió su regalo con un entusiasmo exagerado. Brincó de alegría al comprobar el contenido del paquete y cuando terminó de desempacarlo tomó la muñeca en brazos y salió corriendo hacia el patio. Yo no la seguí y pasé el resto del día deambulando por la casa sin hacer nada en especial. Esther comió y cenó aquel día con la muñeca en el regazo y se fue con ella a la cama sin acordarse de que habíamos convenido en clasificar esa noche los sellos africanos que habíamos canjeado la víspera por los que teníamos repetidos de América del Sur.Nada cambió durante los días siguientes. Esther se concentró en su nuevo juguete en forma tan absorbente que apenas nos veíamos en las horas de comida. Yo estaba realmente preocupado, y con razón, en vista de las ilusiones que me había forjado de tenerla a mi disposición durante las vacaciones. No podía construir el refugio sin su ayuda y me era imposible ocuparme yo solo de la caza de mariposas y de la clasificación de los sellos, aparte de que me aburría mortalmente tirar hacia arriba la pelota de béisbol y apararla yo mismo. Al cuarto día de la llegada de la muñeca ya estaba convencido de que tenía que hacer algo para retornar las cosas a la normalidad que su presencia había interrumpido. dos días después sabía exactamente qué. Esa misma noche, cuando todos dormían en la casa, entre de puntillas en la habitación de Esther y tomé la muñeca de su lado sin despertar a mi hermana a pesar del triste vagido que produjo al moverla. Pasé sin hacer ruido al cuarto donde papá guarda su caja de herramientas y cogí el cuchillo de monte y el más pesado de los martillos y, todavía de puntillas, tomé una toalla del cuarto de baño y me fui al fondo del patio, junto al pozo muerto que ya nadie usa. Puse la toalla abierta sobre la yerba, coloqué en ella la muñeca —que cerró los ojos como si presintiera el peligro— y de tres violentos martillazos le pulvericé la cabeza. Luego desarticulé con el cuchillo las cuatro extremidades y, después de sobreponerme al susto que me dio oír el vagido por última vez, descuarticé el torso, los brazos y las piernas convirtiéndolos en un montón de piececitas menudas. Entonces enrollé la toalla envolviendo los despojos y tiré el bulto completo por el negro agujero del pozo. Tan pronto regresé a mi cama me dormí profundamente por primera vez en mucho tiempo. Los tres días siguientes fueron de duelo para Esther. Lloraba sin consuelo y me rehuía continuamente. Pero a pesar de sus lágrimas y de sus reclamos insistentes no pudo convencer a mis padres de que le habían robado la muñeca mientras dormía y ellos persistieron en su creencia de que la había dejado por descuido en el patio la noche anterior a su desaparición. En esos días mi hermana me miraba con un atisbo de desconfianza en los ojos pero nunca me acusó abiertamente de nada. Después las aguas volvieron a su nivel y Esther no mencionó más la muñeca. El resto de las vacaciones fue transcurriendo plácidamente y ya a mediados del verano habíamos terminado el refugio y allí pasábamos muchas horas del día pegando nuestros sellos en el álbum y organizando la colección de mariposas. Fue hacia fines del verano cuando llegó la segunda muñeca. Esta vez fue mamá quien la trajo y no vino dentro de una caja de cartón, como la otra, sino envuelta en una frazada color de rosa. Esther y yo presenciamos cómo mamá la colocaba con mucho cuidado en su propia cama hablándole con voz suave, como si ella pudiese oírla. En ese momento, mirando de reojo a Esther, descubrí en su actitud un sospechoso interés por el nuevo juguete que me ha convencido de que debo librarme también de este otro estorbo antes de que me arruine el final de las vacaciones. A pesar de que adivino esta vez una secreta complicidad entre mamá y Esther para proteger la segunda muñeca, no me siento pesimista: ambas se duermen profundamente por las noches, la caja de herramientas de papi está en el mismo lugar y, después de todo, yo ya tengo experiencia en la solución del problema.

Viene…

Knock-out: narrativa fulminante

Taller de iniciación a la escritura creativa

A cargo de Josecarlos Nazario

Estrategias y técnicas narrativas. Experiencias e impresiones a través del estudio del diario, la crónica, el retrato, la biografía y otros artificios para la incorporación de nuevas herramientas. Acercamiento a autores y lecturas que funcionen como disparadores. Trabajo con textos propios, en cumplimiento de consignas prácticas, semanalmente. Exploración de las visiones de los cuentos europeos, norteamericanos, latinoamericanos y asiáticos, en busca de descubrir nuevos procedimientos y destrezas.

•Ejercicios para el estímulo creativo y la gestación de ficciones.

• Trabajo sobre el verosímil: cómo mentir correctamente.

• Unidad de tono, registro y tensión.

• Nichos de tensión (crescendo, clímax, epílogo).

• Hilos conductores y núcleos.

• Primera y segunda historia (Lo más importante a la hora de narrar).

• Ritmo: puntuación, música en las letras.

• El punto de vista.

• La construcción de un personaje: singularidad, carnadura, profundidad.

• Narrar no es explicar.

• Mostrar y esconder como claves del suspenso.

14 sesiones, 3 meses, 2 horas semanales.

Días: martes ó jueves (7 a 9 p.m.).

Costo: RD $2,000 pesos mensuales.

Inscripciones: 829-642-9417

naiboaespacionarrativo@gmail.com