“La literatura de Mario Bellatin influye en la lengua, la hace balbucear y la empuja al silencio; apuesta todo al sin-sentido, y esa diversidad basta para dar cuenta del universo, de sus terrores y glorias.”

Gabriel Ríos

A Bellatin lo conocí hace poco más de dos años a través de Damas chinas. Una novela que expone el desgarrador mundo pararrealista de un médico, su relación con su hijo adicto y sus excursiones infieles.

En su prosa reconocí de inmediato un escritor a la imagen de estos tiempos. Su literatura se convierte en una isla desierta (sus temas, la lejanía fantástica de su crudeza y la forma en que no respeta otras reglas que las que marca el texto).

Por motivo de mi cumpleaños, mi esposa me regaló su Obra reunida abriéndome paso a todo el mundo bizarro de Bellatin. Un libro para saborear, desde la ficción, el gusto de la vida y de la muerte y para descubrir verdades propias en el texto ajeno.

En Mario Bellatin encuentro un narrador para aprender a escribir. Sus novelas y cuentos son un ejercicio literario. Pocas veces me he atrevido a decir lo dicho de un autor vivo y joven. Esta vez no me da miedo: Bellatin es, más allá de sus anécdotas, una buena masilla (plastilina) para que el niño escritor comience a jugar con las formas.

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