¨Ella levantó los párpados. Después echó a un lado las cobijas y se bajó de  la cama en camisón. Iba hacia la puerta que daba al balcón, y yo pensé     que se tiraría al vacío. Hice un ademán para agarrarla; pero ella estaba en camisón. Mientras yo quedé indeciso, ella había definido su ruta. Se dirigía a una mesita que estaba al lado de la puerta que daba hacia al vacío.¨

Conocí a Felisberto Hernández una tarde de lluvia en Buenos Aires. Los  adoquines de mi calle Pringles me daban el ambiente rioplatense perfecto.  Conectado con la prosa, con la estructura de los sueños de Felisberto me  sumergí en sus mundos llenos de sentido y sin-sentido. Aquí va una nota sobre el pianista y narrador uruguayo, desconocido para muchos,  pero uno de los mejores cuentistas de América Latina.

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